|
|
San Apolinar primer Obispo de RAVENA, a donde, según la tradición fue
por encargo de San Pedro. Murió mártir en el siglo primero. En RAVENA tiene dedicados dos templos, uno de ellos es la gran basílica bizantina de San Apolinar In Clasi, edificada sobre su tumba.Se conmemora el día 23 de julio. ARTICULOS RECOPILADOS POR : José Hergueta Basílica bizantina que se encuentra en Classe, a 5 km. de Ravena (Italia). Fue terminada y consagrada el 9 de mayo del año 549 y dedicada a san Apolinar, primer obispo de Ravena y de Classe. Consta de tres naves, separadas por dos hileras de doce columnas de mármol veteado transversalmente, con zócalo de forma casi cúbica y capitel de hojas de acanto aligeradas por un fino trabajo de taladro. La decoración de mosaico, muy rica, se centra en el ábside y en el arco triunfal que lo enmarca. En la parte central y superior de éste último, se halla inscrito el busto de Cristo con la mano derecha en acto de bendecir; a los lados, entre una multitud de nubes multicolores figuran los símbolos alados de los cuatro evangelistas; debajo, doce ovejas, que simbolizan a los apóstoles, suben (seis por cada lado) una montaña que conduce a Cristo; salen de Jerusalén y de Belén, las dos ciudades más representativas de la historia de la salvación. Debajo, a los lados, hay dos grandes palmeras, símbolo del martirio y, más abajo, el arcángel san Gabriel a la derecha y el arcángel san Miguel a la izquierda. En el ábside, la mano de Dios sale de entre las nubes y señala una gran cruz dorada con la cabeza de Cristo en el centro, sumergida en un cielo salpicado por 99 estrellas de oro y plata; sumergidos de medio cuerpo para abajo en un mar de nubes, aparecen Elías, a la derecha, y Moisés, a la izquierda. Toda esta escena en su conjunto representa la Transfiguración de Cristo en el monte Tabor. Debajo, sobre un prado verde, lleno de flores, árboles y rocas, aparece representado el obispo san Apolinar con su grey (rebaño) a los pies, y en el registro inferior, entre las ventanas, varios obispos raveneses; a la derecha de ellos hay una escena con los tres sacrificios del Antiguo testamento (Abel, Melquisedec y Abraham) y, a la izquierda, el emperador de Oriente entregando el escrito de los privilegios concedidos a esta iglesia. Basílica bizantina de la ciudad de Ravena (Italia). Mandada edificar, en el primer cuarto del s. VI, por Teodorico, rey de los godos, para dedicarla al culto arriano. Posteriormente, en el año 561, el obispo Agnello la reconsagró para el culto católico. Dedicada en un principio a san Martín, está bajo la advocación de san Apolinar, primer obispo de Ravena, desde el s. IX. En el exterior, el pequeño atrio y la ventana geminada que hay encima son de época renacentista. El campanario, de planta circular, data de los primeros años del s. IX. El interior tiene tres naves, separadas por dos hileras de doce columnas de mármol griego, con capiteles corintios. Lo que queda de la decoración de mosaico se encuentra en la nave central y se distribuye, a ambos lados, en tres franjas horizontales. En la franja superior se alterna una decoración que incluye la cruz, dos palomas a sus lados y un motivo imbricado en forma de concha, con trece cuadritos con escenas de milagros y parábolas de Cristo a la izquierda, y trece cuadritos con escenas de la Pasión y de la Resurrección a la derecha. En todos ellos, Jesús está representado joven y vestido con la túnica imperial; en las escenas de la izquierda, imberbe, en las de la derecha, barbado. En la franja intermedia, situada entre las ventanas, aparecen dieciséis imágenes a cada lado de santos y profetas, altos, solemnes y cubiertos con túnica blanca. En la franja inferior, que es la más ancha, está representado, en el lado derecho, Cristo redentor, sentado en el trono y rodeado de cuatro ángeles y, en el lado izquierdo, la Virgen María sentada en el trono con el Niño sobre las rodillas; hacia ellos se dirigen en procesión, respectivamente, de veintiséis mártires y veintidós vírgenes portando sus ofrendas; los mártires parten del palacio de Teodorico, que incluye en la representación una inscripción que reza «Palatium»; las vírgenes parten del puerto de Classe, en el que figuran tres barcos enmarcados por dos torres; entre el cortejo de vírgenes y la Virgen María están situados los tres Reyes Magos, ofreciendo sus presentes; detrás de ambos cortejos hay palmeras y, a sus pies, florecillas y algún animal. El conjunto es de una riqueza en detalles y una viveza de colorido impresionantes. El ábside carece de decoración, porque el mosaico que lo revestía fue destruido por un terremoto en el s. VIII. El púlpito de mármol data presumiblemente del s. VI. Es recordado san Apolinar por apóstol, y por el primer obispo de Ravena; Por lo menos no se conoce nadie más antiguo que él. Fue discípulo del Salvador, y después de su gloriosa Ascensión acompañó a san Pedro a Antioquía, donde trabajo de bajo de su dirección con tanto celo y con tanta felicidad en la propagación de la fé, que cuando el Apóstol dejó la cátedra de Antioquía para establecerla en Roma, le llevo consigo a Italia, conociendo su virtud y su celo por la Religión. Luego que llegaron a ella, bien informado Pedro de lo que disponía la divina providencia de su amado compañero, le consagro obispo y le envió a Ravena. Recibió su misión con extraordinario gozo por el ardiente deseo que tenia por derramar su sangre por amor de Jesucristo; y con la esperanza de encontrar presto la corona del martirio en un pueblo furiosamente adherido al culto de los dioses y a todas las supersticiones del paganismo, partió inmediatamente a su destino. Estaba ya a las puertas de la ciudad, cuando un muchacho, ciego desde su nacimiento, asiéndole a tientas de la ropa, le pidió una limosna. Compadecido el Santo de trabajo de aquel niño, se la dio muy ventajosa, porque haciéndole sobre los ojos la señal de la cruz, le dio al punto la vista. Al ver esta maravilla le rodeo al punto una multitud de gente; y aprovechándose el Santo de la buena disposición en la que estaban los ánimos a presencia del milagro, les hablo poco mas o menos en los mismos terninos en que san Pedro había hablado a los Judíos, después de haber curado milagrosamente al cojo que pedía limosna a la puerta del templo. Amigos, les dijo, ¿por qué os admiráis de lo que acabo de hacer con este niño, ni a que fin me consideráis a mi como si lo hubiera hecho por mi autoridad ni por mi virtud ¿ Si di la vista a este ciego, fue en nombre del verdadero Dios que os vengo a anunciar? y no hay que esperar salvación ni vida eterna sino abrazando su Religión. Tardo poco en recoger los primeros frutos de su apostolado; el niño, su padre, que era soldado, y se llamaba Irineo, con toda su familia se convirtieron luego a Jesucristo, y extendida por toda la ciudad la fama del milagro, todos se daban prisa por ver y conocer al hombre prodigioso que lo había obrado. Llegando la noticia a un oficial que mandaba un cuerpo de tropas con grado y titulo de tribuno militar, suplico al Santo que pasase a su casa avisitar a u mujer, que se estaba muriendo después de muchos años de una penosa enfermedad. Entro Apolinar en el cuarto de la enferma, y hallándola a punto de espirar, hizo oración a Dios, y depues la señal de la cruz sobre la enferma en presencia de su marido y de toda la familia, mandadole que se levantase en nombre de Jesucristo. Al punto recobro todas sus fuerzas la postrada moribunda, y gritando ella misma la primera, milagro, milagro, se incorpora, se levanta, se arroja a pies del Santo con su marido y toda su familia, confiesan todos que no hay otro verdadero Dios sino el Dios de los Cristianos, y todos piden el Bautismo. A tan dichosos principios se siguió una abundante y copiosa mies. El tribuno recién convertido dio al Santo una de las casas que tenia en Ravena, la cual fue como la cuna de aquella tierna y recién nacida iglesia. Creció tanto en poco tiempo el numero de fieles, que Apolinar se vio precisado a formar una como especie de clero, escogiendo algunos discípulos para que le ayudasen en las sagradas funciones de su ministerio. Celebrándose los divinos misterios con respeto y con veneración; cantabase las alabanzas del Señor con devoción y con piedad, y el celoso Pastor distribuía al pueblo el pan de la palabra de Dios. Aunque esos ejercicios de religión se hacían de noche y en secreto, como se acostumbraba en aquellos tiempos de persecuciones, no pudieron hacerse tanto, que los paganos no lo llegasen a entender. Sobre todo, los sacerdotes, de los ídolos, viendo disminuidos sus emolumentos y el culto de los dioses desde que Apolinar estaba en la ciudad, enconaron los ánimos contra el, y le acusaron ante Saturnino, gobernador de Ravena, como a cabeza muy principal de los Cristianos. Llamole el Gobernador, y al principio lo trato con mucha urbanidad, teniendo presente que era respetado por hombre milagroso; pero le dio quejas de grave injuria que hacia al gran Júpiter, habiendo ya doce años que no cesaba de dogmatizar en la ciudad. Respondió el Santo con mucho respeto, que no conocía a tal Júpiter, ni mucho menos podía discurrir se hiciese agravio al publico en intentar sacarle de la impiedad y de las tinieblas la idolatría. Pues si no le conoces, replico el Gobernador, yo te le daré a conocer; Vamos juntos al templo. Quedo atónito el Santo cuando vio la multitud de vasos de oro y de preciosos ornamentos, que no tanto adornaban, cuanto oprimían el sacrílego altar del ídolo; y enternecido Hasta derramar muchas lagrimas a vista de las inmensas riquezas que se sacrificaban al demonio: ¿Es posible, exclamo, que hombres de razón se despojen, se consuman y se empobrezcan por enriquecer un ídolo vano, que no vale lo que tiene a cuestas? ¿Qué poder tiene vuestro Júpiter? ¿Quién ha hecho Dios a un hombre, que según vuestras mismas fábulas fue el mas facineroso de todos los mortales? No fue menester mas para que todo el pueblo se alborotase y se armase contra el. El Gobernador abandonole a su discreción; molieronle a palos y a pedradas, y considerándole ya muerto, le sacaron arrastrando fuera de la ciudad. Acudieron los Cristianos, y habiéndole hallado junto a la orilla del mar todavía con vida, le ocultaron en una casa, que luego se convirtió en una iglesia. Recobrado de los golpes, y enteramente curado de las heridas, había seis meses que trabajaba sincesar en la viña del Señor con mas futuro que nunca, cuando cierto caballero, llamado Bonifacio, sin haber podido recobrar el huso de la lengua por mas remedios que le aplicaron, noticioso que vivía el Santo, le envió a su mujer para que le suplicase viniese a verle a su casa. Paso a ello el Santo, y luego que entro, invocando el nombre de Jesucristo, libro a un criado que estaba poseído del demonio. A este primer milagro se siguió el segundo. Apenas se echo a los pies de Apolinar, cuando recobro el uso de la lengua; y ala vista de los dos prodigios, toda la familia se convirtió a la fe de Jesucristo, siguiendose a esta pronta conversión la de mas quinientas personas. Tantos hechos milagrosos de necesidad Habían de sobresaltar de nuevo a los gentiles. Revivió su odio contra el santo Obispo, y echando mano de el después de malos tratamientos, segunda vez le arrojaron de la ciudad. Retirose a una caverna, donde no cesaba de florecer y instruir a los Cristianos que le iban a buscar. Hizo allí muchas conversiones, y cuando ya tenia a los neófitos bien catequizados los llevaba a la orilla del mar, y les administraba el santo bautismo. Como no veía apariencia de que pudiese volver a entra en su iglesia tan aprisa, y por otra parte su fervoroso celo se hallaba como encarcelado, paso ala provincia de Emilia, y corrió otros muchos anunciando el evangelio con increíble fruto. Pero el rebaño no podía llevar en paciencia tan larga ausencia de su amado Pastor; obligaronle los Cristianos de Ravena a que se volviese a su iglesia, donde fue recibido con tantas demostraciones de gozo, que en muy breve le hicieron olvidar todas las fatigas pasadas. Tuvo noticia de su llegada un patricio antiguo, llamado Rufo, y al punto le envió un recado, suplicándole viniese a ver a su hija que estaba gravemente enferma.El dios de Apenas entro el Santo en la casa cuando la enferma espiro. Era idolatra Rufo; y juzgando ser efecto aquella desgracia de la cólera de sus dioses, se enfureció contra Apolinar; pero el Santo, sin alterarse, le respondió: ¿Me dais palabra, señor, que si Jesucristo os restituye a vuestra hija, no la estorbareis que reconozca y siga a su Salvador?- yo te juro, respondió el afligido padre, que si Dios resucita a mi hija, yo y toda mi casa no reconoceremos otro Dios que él. Hizo oración Apolinar, acercose a la difunta, y levantado la voz, dijo: Hija mía, levántate en nombre de Jesucristo, y da gracias a tu bienhechor. En el mismo instante se levanto la doncella diciendo a gritos: El Dios de Apolinar es el único dios Verdadero. Resonaban por toda la casa las voces de alegría, y recibieron el Bautismo mas de trescientas personas. Rufo fue después un cristiano muy fervoroso, y su hija ejemplo de las doncellas cristianas. Necesariamente había de meter mucho ruido tanta y tan portentosas maravillas. Llegaron a noticia del Emperador. Pintaronle a Apolinar como a un formidable hechicero, que por virtud de sus encantamiento resucitaba muertos, y era el mas temible enemigo de lo dioses del imperio. Dio comisión a uno de sus oficiales, llamado Mesalino, para que recibiese información de los hechos de Apolinar, y si rehusase sacrificar a los dioses, sin dilación le echase de Ravena, enviándole algún destierro. Ejecutase la orden con mayor rigor de lo que ella expresaba. Irritose el brutal juez a vista de la constancia y de la elocuencia con la que el santo Obispo defendió la causa de Jesucristo. Mandole primero a una cruel tortura, hizo después que despedazaran a azotes su santo cuerpo, y ordeno que escaldasen con agua hirviendo. Reparando el tirano que en medio de aquellos suplicios no cesaba Apolinar de cantar alabanzas Dios, mando que con piedras le moliesen las mandíbulas; y habiéndole tenido encerrado por algún tiempo en un lóbrego y hediondo calabozo, con el fin de que se muriese de hambre, viendo que no lo podía conseguir, le envío desterrado a Grecia. Luego que el navío se hizo a la vela, y salió del puerto, padeció naufragio, pereciendo todo el pasaje, sin salvarse mas que el Santo, tres eclesiásticos que le seguían, y otros tres soldados que se habían echo cristianos. No estuvo el santo Obispo en su destierro; corrió muchas provincias, haciendo en todas partes nuevas conquistas a Jesucristo, y padeciendo en todas una especie de martirio. Hallándose en una ciudad donde era adorado el ídolo de Serapis, enmudecieron los demonios. Admirase el pueblo, y entendió que la presencia de Apolinar, discípulo de Jesucristo, tenia mudos a todos los oráculos. Buscaron al hombre milagroso, y después de muy maltratado, le metieron en una embarcación que se hacia ala vela para Italia. Tercera vez le condujo a su iglesia la divina providencia, y en ella celebro los divinos misterios con indecible gozo de los Cristianos; pero no duro mucho la calma: sorprendiéndole en cierta ocasión una tropa de paganos, al mismo tiempo que estaba en el altar celebrando el santo sacrificio; y después de haberle molido a golpes, le llevaron arrastrando por las calles hasta casa de un oficial principal llamado Tauro. Celebro mucho este ver en su casa al hombre de quien se contaban tantas maravillas: llamo a ella a sus principales amigos, queriendo probar en presencia de todos la virtud de hacer milagros que le atribuían. Tenia tauro un hijo muy pequeño que había nacido ciego, y dijo a Apolinar: Si das vista a este niño, creeré en el Dios de los cristianos, y te prometo que ara lo mismo toda mi familia. No delibero un punto el Santo; y le dijo: Hijo mío, en nombre de Jesucristo abre los ojos y ve. Inmediatamente los abrió el niño, quedándose atónito y suspenso por algún tiempo con la admiración de los objetos que nunca había visto, y después esclamo lleno de gozo: ¡Oh cuantas cosas veo! Esta pronto y estupendo prodigio gano muchas almas para Jesucristo; pero no fue bastante para convertir a los sacerdotes de los ídolos. Queriendo Tauro librar a Apolinar de sus manos, le envío a una de sus casas de campo, distante algunas millas de la ciudad. Cuarto años estuvo el Santo en ella haciendo muchas conversiones, con grandes servicios a los Cristianos, y ejerciendo con toda libertad las funciones de su ministerio; pero habiendo sido entonces descubierto, los sacerdotes de los ídolos, rabiosos de ver desiertos sus templos, hicieron tantas instancias al Emperador, que al fin obtuvieron un decreto para que así el santo Obispo como todos los Cristianos fuesen desterrados del territorio de Ravena. Sin duda que el Emperador le tratase con tanta blandura en atención a los prodigios que obraba continuamente. Fue en fin arrestado Apolinar; y cuando ya le llevaban al puerto, Los Cristianos que pedían mas, se lo arrancaron por fuerza a los gentiles; pero cogido otra vez por estos al mismo tiempo que iba a entrar en la ciudad, le dieron tantos golpes que le dejaron por muerto. Hallándole a un los Cristianos con vida, y retirándole a una casa inmediata, donde exhortando continuamente a los fieles a ser constantes en la fe a pesar de las persecuciones, espiro siete días des pues entre las manos de sus queridos hijos, que quedaron inconsolables por la perdida de tan amoroso padre. Sucedió su preciosa muerte el día 23 de julio del año 81 en el imperio de Vespasiano. Sacrificose este gran Santo, dice san Pedro Damiano, como una hostia viva al Señor, en el prolongado martirio de veinte y nueve años que duro su pontificado, siendo celebre en la Iglesia por su celo, por su santidad, por su trabajo y por sus milagros. Por un escrito muy antiguo, que a un se lee hoy en la iglesia de Clase, a cinco cuartos de legua de Ravena, se sabe que el santo cuerpo estuvo en aquel sitio dentro de un sepulcro de mármol blanco, el cual se conserva todavía; y en la misma se dice que se conservo allí hasta el octavo año del consulado de Basilio, que el de 544; en que Masimino, obispo de Ravena, le hizo traslado en el día 9 de junio a otro lugar mas retirado de la misma iglesia, que es una gruta debajo del altar mayor, donde hoy día se ve el sepulcro de mármol de nuestro Santo. Siempre le han profesado los pueblos grande devoción, la que cada día va en aumento por los grandes beneficios que consigue su intercesión a todos los que le invocan. Fin |
| |